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La traducción gastronómica

Si nos paramos a pensar en los elementos que forman parte de la cultura de un país, nos vendrán a la cabeza palabras como historia, música, costumbres, idioma… Pero si hay un elemento que define perfectamente la cultura ese es, sin duda, la gastronomía. La comida típica de un país es una muestra de las costumbres de la gente de esa zona, ya no solo por los platos típicos, sino también por la manera en que se consumen, por ejemplo, en comidas familiares o en días festivos.

Por tanto, este es un tema que está íntimamente relacionado con la traducción, puesto que muchos platos e ingredientes tienen una denominación propia en el idioma de su país de origen. Esto supone una gran dificultad a la hora de traducirlo, porque quizás ese mismo alimento no existe como tal en el país de la lengua de llegada de nuestra traducción.

Hoy os traemos algunos ejemplos de casos en los que resulta muy complicada la traducción de la gastronomía. Y también ofrecemos algunos consejos sobre qué es mejor hacer en cada caso, puesto que a todos nos han surgido este tipo de dudas a la hora de realizar una traducción gastronómica: ¿lo traduzco? ¿Lo dejo igual? ¿Lo adapto a la lengua de llegada?

La primera recomendación es que la traducción se haga siempre mediante un traductor humano, que es el que puede interpretar el sentido correcto o intentar traducir el nombre de los platos de la manera más parecida posible al original. Cuando hacemos una traducción con algún tipo de traductor automático, lo más seguro es que el resultado sea una traducción literal, palabra por palabra, y nos pueden pasar cosas como esta:

Por lo que el turista que venga a comer a este restaurante se llevará la impresión de que los españoles tenemos unas costumbres un tanto extrañas.

¿Por qué cuesta tanto traducir el nombre de los platos?

Como avanzábamos al principio, la gastronomía forma parte de la cultura del país, por lo que la mayoría de las recetas tienen ingredientes y elaboraciones muy difíciles de encontrar tal cual en otros países y, por tanto, cada plato tendrá una denominación propia. Por eso, tenemos que ser creativos y hacer un esfuerzo por intentar que el lector se pueda hacer más o menos una idea de en qué consiste ese plato, y no tanto cómo se denomina, ya que lo que importa es que sepa qué va a comer, y no cómo se llama. Aquí viene dada la dificultad de la traducción, porque hay que ofrecer esta idea al lector pero sin alejarse demasiado del original.

Entonces… ¿cómo lo traducimos?

La mayoría de las veces, la opción más fácil es dejar el nombre tal cual, sin traducir, y así no cabe duda de que nos estamos refiriendo a ese plato en concreto. Por ejemplo, un español de visita en Londres, que quiere probar la comida típica de la ciudad y no tiene ni idea de cuál es, va a un puesto callejero de comida. Si el turista leyera en el cartel «pescado con patatas fritas», sabría que venden pescado, pero puede ser cualquier tipo de pescado, un filete, una rodaja, frito, asado… y tendría que preguntarle al vendedor. Sin embargo, si conociera la gastronomía local y leyera «fish & chips», sabría perfectamente que se trata del típico pescado rebozado, normalmente merluza, frito y acompañado de patatas.

Pero claro, esta opción solo es válida para platos de otros países que sean muy conocidos o que estén integrados en la gastronomía de otros países. Este es el caso, por ejemplo, de la comida japonesa, la italiana, las tapas fuera de España… Están tan integrados o son tan conocidos que ya no es necesario traducirlos porque todo el mundo lo entiende.

Entonces, ¿qué hacemos cuando se trata de platos menos conocidos de los que probablemente el turista no haya oído hablar? Una de las mejores opciones es intentar traducirlo mediante una pequeña descripción del plato. En esta foto tenemos un ejemplo tanto de una mala traducción como de una buena:

Si nos fijamos, el pulpo a la feira está traducido literalmente por «octopus to the party». Es una mala traducción, porque a lo que hace referencia el nombre de este plato es a que el pulpo se cocina de una manera que es muy típica de las fiestas gallegas, por lo que una buena traducción podría ser «Galician-style octopus», es decir, haciendo una pequeña descripción.

Sin embargo, si nos fijamos en el apartado de los postres, vemos como la macedonia sí que está bien traducida por «fresh fruit salad» ya que con esta pequeña descripción, el cliente entiende mucho mejor en qué consiste ese plato.

Una vez en la oficina tuvimos la oportunidad de ver como ejemplo la carta traducida del típico bar de tapas español. Estaba traducida del español al inglés y nos llamaron mucho la atención las berenjenas con miel, tapa típica por excelencia de nuestros bares, ya que se había traducido por «eggplant with honey». Bien es cierto que esa es su traducción exacta, sin embargo, nosotras llegamos a la conclusión de que, con esa traducción, el turista inglés no podría hacerse una idea aproximada del plato, porque solo «eggplant» puede ser al horno o de cualquier otra manera. Por eso, nosotras decidimos que sería mejor traducirlo por algo que dé a entender que son fritas y en rodajas o tiras, como podría ser «eggplant chips with honey», «fried eggplant with honey» o «eggplant fritters with honey».

 

 

Por último, os dejamos con algunos errores de traducción gastronómica que no tienen desperdicio. Y ya sabéis: cuando necesitéis hacer un descanso entre traducción y traducción, ¡siempre podréis tomaros a relaxing cup of café con leche!

 

Raquel Martínez Miralles
Raquel Martínez Miralles
Traductora EN/FR-ES. Creadora de contenidos

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